El deporte siempre estuvo ahí
De joven nadaba, y me encantaba. El deporte me cuidó sin que yo me diera cuenta: en la adolescencia nunca quise probar un cigarrillo, porque sabía que me iba a quitar rendimiento en el agua. Ahí entendí que el deporte no solo te cambia el cuerpo, también las decisiones que tomas.
2021: el gimnasio como salvavidas
Llegué a Francia en 2020. Poco después llegó el confinamiento. Un país nuevo, encerrado, lejos de los míos. Me sentía solo y desesperado.
Cuando reabrieron los gimnasios en 2021 (todavía con mascarilla, me acuerdo), fue como volver a respirar. Necesitaba algo en lo que pudiera ver resultados por mí mismo, algo que dependiera de mí. Desde ese día, el gimnasio no me ha soltado.
José, y el día que todo cambió
A finales de 2025 llegó mi suegro, José. Llegó con bastón, muy frágil, con mi suegra sosteniéndolo para caminar. Luego necesitó una silla de ruedas para moverse en largos trayectos.
Lo vi así y pensé: tengo que hacer algo.
Empezamos a entrenar en casa, poco a poco. Sentadillas sentándose en una silla alta. Una banda elástica para los bíceps (le encantaba, y todavía hoy la usa todos los días). Jalones con la misma banda. Ejercicios para la postura antes de dormir.
En un mes y medio había soltado el bastón y la silla de ruedas. Su postura cambió, su mirada también. Al final de esos tres meses subía escaleras, se reía y jugaba ping-pong con nosotros. Gracias al ejercicio, sí, pero sobre todo a su disciplina.
Hasta ese momento lo había leído en los estudios. Con José lo vi con mis propios ojos: se puede mejorar a los 60, a los 70 y más. Como digo siempre:
La vida sigue.
Por qué trabajo con mayores
Ver a José cambiar me enamoró de este proceso. No fue solo que soltara el bastón: empezó a querer moverse por su cuenta, a caminar, a jugar ping-pong con nosotros. Recuperó la postura y, sobre todo, la sonrisa.
Ahí entendí que «la vida sigue» no es una frase bonita. Vivimos en una sociedad que, cuando llegas a los 60, a los 70 o a la jubilación, te va cerrando puertas. Como si tocara sentarse en el sofá a esperar, mientras la vida pasa por fuera.
Yo quiero ir en contra de esa idea. Después de los 60, de los 70, después de la jubilación, la vida sigue. Sigues siendo capaz de mejorar: de ganar fuerza, de transformar tu cuerpo, de caminar mejor, de correr, de saltar. De entrenar en casa o en el gimnasio, y fuerte, si tu salud te lo permite. E incluso con una enfermedad, si tu médico te da luz verde, el ejercicio sigue sumando.
Y eso se nota mucho más allá del ejercicio: en tu autonomía, en jugar con tus nietos, en quedar con tus amigos para lo que sea. Y también en la cabeza: moverte ayuda a cuidar la memoria y la mente con los años.
Este mensaje es para ti, y también para tus hijos: la vida sigue, y se puede mejorar a cualquier edad.
Y por qué con principiantes
Porque al final, todos lo somos. Una persona de 70 años que empieza es principiante, igual que un chico de 20. Yo también lo fui, y sé lo raro que uno se siente las primeras veces en el gimnasio.
Muchos gimnasios están pensados para la foto: luces bajas, ambiente de redes. Y quien va por salud termina sintiendo que ese lugar no es para él.
Por eso no solo te enseño a hacer bien los ejercicios. También te enseño a sentirte bien en el gimnasio: qué es cada zona, para qué sirve cada máquina y esos códigos de educación que nadie te explica, como no pasar entre el espejo y quien está haciendo un ejercicio, poner la toalla o descargar la máquina al terminar.
Cómo trabajo
- Claro antes que técnico. Primero la imagen sencilla. Si quieres la ciencia, te dejo las fuentes.
- A tu ritmo. Recaer no es fracasar. Aquí nadie te juzga.
- Para la vida real. Subir escaleras, levantarte de la silla, cargar a tus nietos.
Mis rutinas en PDF son el primer paso. Y si quieres que te acompañe más de cerca, lo estoy preparando.
Ver rutinas